sábado, 8 de febrero de 2014

Pequeños placeres en una tarde helada de Febrero


Es sábado. La casa está tranquila y caldeada. Suena un CD es "jazz flamenco" de Pedro Iturralde. La cocina ya está recogida. Un sol pálido, de Febrero, entra por la ventana y la cruza en diagonal hasta la puerta del horno y los fogones.  En el tendedero del patio la ropa cimbrea a un lado y a otro de las cuerdas, ya falta muy poco para que esté a punto de plancha.
En la calle la tarde parece clara, aunque a estas horas corre un viento fuerte y helado.
Es tarde de bizcocho, pero no de cualquier bizcocho, es un bizcocho que lleva diez días elaborándose. Es, un bizcocho de convento, y hoy sábado, toca hornearlo.
Pandora, la gatita, anda zascandileando por casa, anda algo asustada con los silbidos del viento que en la planta doce, impresionan.  "Maya y maya" como alma en pena, se para a escuchar, repite maullido y así hasta que se topa con un radiador y se pone a dormir junto a el.
El olor a horno de pastelería, poco a poco, se ha ido extendiendo por casa, por el patio, y hasta por la escalera del descansillo.  ¡Huele a rico! dicen por aquí.

(Publicaré la receta un día de estos)

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