sábado, 2 de julio de 2016

El humilde calabacín



Por sencillo que parezca, quiero destacar el sabor de un  calabacín que me regalaron, cultivado en una huerta urbana, el olor, el sabor, la textura... Lo cociné de una manera fácil y, en unos minutos tuve un primer plato exquisito.  

Una vez pelado  se parte el calabacín en dados. En una cacerola se echa un chorrito de aceite de oliva y se pone a rehogar el calabacín, se le echa un poquito de ajo en polvo, cuando empieza a pochar se espolvorea con albahaca seca y triturada, de esa que viene envasada en botecitos de especias. Se añaden, al gusto, dos cucharadas de vino blanco. Se mezclan los ingredientes con una cuchara de palo, se apaga el fuego y se dejé reposar unos minutos Se sirve caliente.  El resultado, de lujo, el sabor, incomparable.

Cuando hace unos años escribía lo que años después sería mi libro de cuentos infantiles Cuentos Reunidos, mencionaba las huertas plantadas en los jardines urbanos en el relato de ciencia-ficción titulado, El examen de Palmira, ambientado en un futuro no muy lejano. Cuenta el paso de una pandemia y sus terribles secuelas para la humanidad. Y hablaba, entre otras cosas, de las huertas plantadas en los parques públicos, como medio de subsistencia autónoma de cada ciudad.  Lo que no podía imaginar era que estas huertas, premonitorias, se hiciesen realidad, y lo son, a día de hoy en muchas ciudades de nuestro país, también en Madrid.
Unos conocidos míos disfrutan de las huertas urbanas madrileñas, y no solo como el modo de cultivar verduras para el gasto; sembrando, regando, trasplantando, cavando, abonando, escardando, recolectando.., sino como una bonita afición compartida entre los vecinos de la comunidad, como otra manera de socializar y relacionarse con esos vecinos que apenas si conocemos de darnos los buenos días en el ascensor y poco más.
Me dicen que, en la huerta, se han hecho amigos los mayores, los jóvenes y los niños, que ha llegado a nacer amistad, afecto, y hasta cariño entre ellos y que se sienten como si pertenecieran a una gran familia, con la que juegan y disfrutan mientras  ven crecer las verduras y las hortalizas. ¡Bien por las huertas urbanas! 

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