jueves, 30 de junio de 2016

Tortilla de leche



Este plato lo he conocido siempre por casa. Viene de muy atrás, antes de  mi abuela y de mi bisabuela que yo recuerde y que a mí me hayan contado. Se hacía con cierta frecuencia ya que eran unos ingredientes tan fáciles de conseguir que se tenían a diario entre las cosas de la despensa. Bien podía ser, esporádicamente, una cena de niños o hacerla para los postres.

En una pincelada de nostalgia he querido traerla hasta aquí, para que no se pierda del todo con el paso de las generaciones modernas, y entre tanto surtido culinario de postres de leche comprados-hechos, que no digo que no estén ricos, que lo están. Es el gustazo de hacérselo uno mismo con ingredientes más naturales y saber con exactitud qué es lo que nos llevamos a la boca; sin colorantes, sin conservantes, sin aditivos..., todo eso con que suelen asustarnos, y que no dudo, lo más mínimo, de que tenga su parte "mala"

No quería recordar lo prohibitivo que se nos va haciendo el dulce con el paso de los años. Qué injusto, según vamos a mayores nos gusta más, y al mismo tiempo debemos tomarlo cada vez menos. Incluso renunciar. Qué mal.


Ponemos a hervir un cuarto de litro de leche entera con azúcar y peladura de limón. Una vez aromatizada la leche, dejamos que se vaya enfriando.  A temperatura, templada, echamos una miga de pan, a poder ser de pan candeal, lo que era el molledo del pan blanco. Remojada la miga, se escurre un poco. Se baten tres huevos y se echa la miga, se mezcla bien, y se cuaja en la sartén como cualquier tortilla.  Si la tomamos de postre es aconsejable tomarla fría de la nevera.