viernes, 22 de julio de 2016

Salsa de tomate con frutos del mar




Un plato sencillo, rápido y nutritivo.

Hacemos una salsa de tomate a la antigua; pelando y troceando los tomates maduros, picándolos muy menudos, pochando  una cebolla y un diente de ajo en aceite de oliva, a fuego medio. Espolvoreamos al gusto con pimienta negra, perejil fresco y una pizca de azúcar por aquello del ácido del tomate.
A media cocción de la salsa añadimos mejillones y gambas congeladas, y, sin descongelar, las echamos directamente en la sartén donde se está friendo el tomate. Subimos un poco el fuego y dejamos que se vayan descongelando los mejillones y las gambas entre la salsa, a la vez que se van mezclando los sabores.  Bajamos, de nuevo, la temperatura a fuego lento hasta finalizar el tiempo de la salsa,  unos treinta minutos en total.  A continuación reducimos la salsa y la dejamos reposar.

Este plato se puede tomar como segundo plato o como plato combinado con patatas asadas, arroz, pasta o de relleno en una plancha de hojaldre.
Ya sabemos que los alimentos congelados han de tener cierta calidad. 

jueves, 7 de julio de 2016

De postre, merienda o desayuno


La vi en la tele, esta receta se me hizo como muy socorrida, y sencilla, y rápida, y económica y saludable. Los ingredientes tan comunes en el día a día, presentes en todas las despensas, en todos los fruteros, en todos los frigoríficos. Por si esto fuera poco, además, aportaría ese olor a "rico" por la casa y ese calor que acababa de llevarse el otoño, porque este plato iba a hacer que encendiera el horno, y, no sé si lo he contado ya,  me encanta la comida hecha en el horno.

Para elaborar este postre que bien puede servir para merienda o desayuno, necesitamos una manzana grande, aceite, a poder ser, de oliva, canela en polvo y un paquete de obleas para empanadillas.

Ponemos un cacito a fuego mínimo, con dos o tres cucharadas soperas de aceite de oliva, echamos la manzana pelada y cortada en forma de dados pequeñitos y la dejamos que poche removiendo de vez en cuando para que no se pegue ni se churrusque, cuando la manzana empiece a estar blandita, espolvoreamos con canela molida, al gusto, dejamos unos minutos más, apagamos el fuego, y sin retirar el cazo dejamos enfriar.

A continuación ponemos la manzana en un escurridor o colador y aplastamos con una cuchara, para eliminar el exceso de aceite.

Encendemos el horno arriba y abajo a una temperatura de 170º o 180º depende de cada horno. Mientras, rellenamos las obleas con la manzana y las vamos poniendo en la bandeja del horno. Metemos la bandeja a horno precalentado durante 10 minutos, miramos que las empanadillas empiezan a dorarse y apagamos el horno, dejamos unos minutos y las sacamos.  Se pueden tomar en caliente o de un día para otro guardadas en la nevera,  En frío están ricas, en caliente también

Sugerencia; probar a hacerlas con masa de hojaldre.

sábado, 2 de julio de 2016

El humilde calabacín



Por sencillo que parezca, quiero destacar el sabor de un  calabacín que me regalaron, cultivado en una huerta urbana, el olor, el sabor, la textura... Lo cociné de una manera fácil y, en unos minutos tuve un primer plato exquisito.  

Una vez pelado  se parte el calabacín en dados. En una cacerola se echa un chorrito de aceite de oliva y se pone a rehogar el calabacín, se le echa un poquito de ajo en polvo, cuando empieza a pochar se espolvorea con albahaca seca y triturada, de esa que viene envasada en botecitos de especias. Se añaden, al gusto, dos cucharadas de vino blanco. Se mezclan los ingredientes con una cuchara de palo, se apaga el fuego y se dejé reposar unos minutos Se sirve caliente.  El resultado, de lujo, el sabor, incomparable.

Cuando hace unos años escribía lo que años después sería mi libro de cuentos infantiles Cuentos Reunidos, mencionaba las huertas plantadas en los jardines urbanos en el relato de ciencia-ficción titulado, El examen de Palmira, ambientado en un futuro no muy lejano. Cuenta el paso de una pandemia y sus terribles secuelas para la humanidad. Y hablaba, entre otras cosas, de las huertas plantadas en los parques públicos, como medio de subsistencia autónoma de cada ciudad.  Lo que no podía imaginar era que estas huertas, premonitorias, se hiciesen realidad, y lo son, a día de hoy en muchas ciudades de nuestro país, también en Madrid.
Unos conocidos míos disfrutan de las huertas urbanas madrileñas, y no solo como el modo de cultivar verduras para el gasto; sembrando, regando, trasplantando, cavando, abonando, escardando, recolectando.., sino como una bonita afición compartida entre los vecinos de la comunidad, como otra manera de socializar y relacionarse con esos vecinos que apenas si conocemos de darnos los buenos días en el ascensor y poco más.
Me dicen que, en la huerta, se han hecho amigos los mayores, los jóvenes y los niños, que ha llegado a nacer amistad, afecto, y hasta cariño entre ellos y que se sienten como si pertenecieran a una gran familia, con la que juegan y disfrutan mientras  ven crecer las verduras y las hortalizas. ¡Bien por las huertas urbanas!