domingo, 19 de febrero de 2017

Hay un hueco en "mi nevera"


Nevera: artefacto que mantiene fresco, que conserva, que consigue detener el paso del tiempo...

Desde los tiempos de los bocadillos del recreo escolar estuvo ahí presidiendo la nevera. 
Pero ya hemos retirado aquella caja de plástico, bueno, el tupperware como dicen ahora, una caja grande, más grande que una caja de zapatos grandes con cierre hermético. De toda la vida de Dios guardando el embutido de la compra semanal; el queso curado, el semicurado, queso en lonchas para sándwiches calientes, el lomo embuchado, salchichón, chorizo, sobrasada, salami, trozos de serrano, chorizo de guisar, morcilla, paquetes de mortadela con aceitunas, chopped, jamón de york, chorizo de Salamanca o de Pamplona, pavo braseado, salchichas..., todo cabía ahí, en esa caja que ocupaba más de la mitad del último estante quitando espacio al frigorífico, pero era tan socorrida... 

Que se  quería picar algo, a la caja, que un aperitivo, a la caja, que un bocadillo rápido, a la caja, que unos huevos revueltos con jamón, a la caja, que de postre unas lonchas de queso, a la caja. Hay que ver la vidilla que nos ha dado la dichosa caja de plástico, digo, nos ha dado, en pasado, porque nosotros, los mayores antes de ser tan mayores, también le sacábamos rendimiento, pero ya no, ahora solo la amortizan los jóvenes porque a los mayores estos alimentos se nos han ido haciendo prohibitivos, sí, nos los prohíbe nuestro propio organismo porque ya no los tolera, ya no soporta digerir ninguno de los productos que guardara el tupperware. Ahora esa cajita actúa de reloj biológico-digestivo y te informa y te recuerda que ya eres demasiado mayor para meter mano y boca a todo eso tan rico.

Como decía, ya no está la caja de plástico en el frigorífico de las casas de la gente que tenemos esta edad del nido vacío, ya se ha retirado con todo el dolor de corazón para evitar males mayores y malestares digestivos.

Ese hueco que ha dejado produce dolor con solo mirarlo y una especie de vacío emocional que oprime un poco o un mucho la existencia. 
Los jóvenes se han marchado y nosotros nos hemos hecho tan mayores que nos ha llegado el tiempo de ayunar exquisitos manjares. Si acaso, un pellizquito una, dos, o seis veces al año en un intento por engañar las cifras del calendario porque esa caja de plástico, ese tupperware no se ha ido de vacío, se ha llevado, dentro, no solo el embutido y el queso, se ha llevado nuestros chicos y con ellos los tiempos jóvenes de sus padres.

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